El día que Roger me recordó por qué amo fotografiar mascotas
Era un domingo de mañana. La primavera estaba en su máximo esplendor en Uruguay y, en el Rosedal del Prado, algunas flores recién empezaban a animarse a mostrar su belleza. Ese fue el escenario perfecto para recibir a Hugo, Tatiana y Roger, su perrito. Roger —un «pequeño» de apenas 30 kilos— llegó emocionado por su paseo matutino. Él no entiende de sesiones fotográficas, ni de poses, ni de cámaras. Solo entiende de vivir el momento. Y Hugo y Tatiana tampoco habían sido modelos nunca, así que los noté un poco nerviosos. Les dije lo único que realmente importa: No necesitan posar. Solo necesitan ser ustedes.
Un rato para jugar antes de empezar
Antes de entrar al Rosedal, los invité a caminar un poco afuera para que Roger y su hermanita perruna se relajaran. Había llevado una pelota, así que jugamos un rato. Cuando se cansaron y bajaron la energía, volvimos al Rosedal. La consigna era simple: ser ellos mismos, sin poses, sin presión, solo amor verdadero. Me mantuve a distancia con mi cámara y mi lente largo para darles espacio. Mientras se conectaban entre ellos, empecé a disparar sin que lo notaran.
Entre espontaneidad y dirección suave
Cuando ya tenía las imágenes que buscaba, le pregunté a Hugo si se animaba a posar un poco. Lo guié con suavidad, respetando su personalidad, y logramos fotos hermosas, más dirigidas pero igual de auténticas.

Tatiana, que al principio estaba tímida, ya se había soltado por completo. Me contó que amaba la Navidad y sacó un gorro navideño que había traído. Hicimos fotos con Roger usando el gorro y fue un momento tan tierno como gracioso. También aprovechamos para hacer fotos en movimiento, más activas y vivas.
Mi forma de mirar
Soy fan de los detalles, de la luz y de la composición. No dejo nada al azar. Tal vez eso me haga perderme de algunas cosas, pero no puedo evitarlo: es quien soy.
Cuando el tiempo vuela
En un momento les dije que ya tenía imágenes dignas de ser recordadas. Me miraron sorprendidos: —¿Ya terminamos? —Sí, ya pasó una hora y media. Miraron el reloj y no podían creerlo. La pasaron tan bien que el tiempo simplemente corrió. Charlamos un rato, miramos algunas fotos en el visor de mi cámara y nos despedimos con un abrazo y una sonrisa.
El trabajo continúa en casa
Cuando llegué a casa, descargué las fotos —siempre lo hago enseguida, por seguridad— y me tomé un descanso.Después empecé la selección de las imágenes que estuvieran a la altura de la propuesta de Valssy. Las importé a Capture One, mi software de procesado favorito, y trabajé desde lo técnico y desde lo emocional. Cada foto tenía que transmitir algo real.
El momento que lo confirma todo
Cuando llegó el día de la entrega, Tatiana estaba muy emocionada.
Y en ese instante volví a confirmar algo que nunca quiero olvidar:
Mi trabajo importa.
Importa porque congela amor.
Importa porque guarda memoria.
Importa porque hace que las personas vean a sus mascotas como yo las veo: con belleza, dignidad y ternura.
Blog


